Este clásico escocés Islay Single Malt, es un artículo de colección que se conservó durante todo este tiempo a la espera de un conocedor que estuviera dispuesto a pagar el precio que los chicos de Bowmore exigían a cambio de apropiarse de la primera botella de esta producción. Al final, luego de dos subastas donde nadie se atrevió a soltar tal cantidad de dinero, la botella terminó siendo adquirida por la cantidad de 160 mil dólares.
Si bien el comprador de este bebé se mantiene anónimo lo que sí se ha hecho público es que la casa destiladora ha decidido donar las ganancias producto de la venta a cinco organizaciones de caridad distintas.
Madurado en barricas de roble durante más de medio siglo, el Bowmore 1957 es la reserva más antigua jamás producida por esta casa escocesa, que comenzó a embotellar esta línea a finales de 2011 para salir a la venta en esta pasada temporada de invierno. La botella por si misma es un ejemplo único de arte objeto, con su propuesta estética y armoniosa que resalta las cualidades de su contenido a la par que mantiene este toque distinguido propio de un gentleman.
Uno de los motivos que vuelve tan costoso y exclusivo al Bowmore 1957 es que sólo se han producido 12 botellas, únicas en todo el mundo. La primera de la serie presentaba una variación especial en su tapa, elaborada artesanalmente en platino. El diseño de la botella corrió por cuenta de los artistas Nichola Burnsay Brodie Hairn quienes optaron por crear esta presentación cuya forma evoca al movimiento de las olas, como si el whisky del interior se agitara ansioso por salir de su contenedor.
Fuente:(bornrich.com)
Si bien el comprador de este bebé se mantiene anónimo lo que sí se ha hecho público es que la casa destiladora ha decidido donar las ganancias producto de la venta a cinco organizaciones de caridad distintas.
Madurado en barricas de roble durante más de medio siglo, el Bowmore 1957 es la reserva más antigua jamás producida por esta casa escocesa, que comenzó a embotellar esta línea a finales de 2011 para salir a la venta en esta pasada temporada de invierno. La botella por si misma es un ejemplo único de arte objeto, con su propuesta estética y armoniosa que resalta las cualidades de su contenido a la par que mantiene este toque distinguido propio de un gentleman.
Uno de los motivos que vuelve tan costoso y exclusivo al Bowmore 1957 es que sólo se han producido 12 botellas, únicas en todo el mundo. La primera de la serie presentaba una variación especial en su tapa, elaborada artesanalmente en platino. El diseño de la botella corrió por cuenta de los artistas Nichola Burnsay Brodie Hairn quienes optaron por crear esta presentación cuya forma evoca al movimiento de las olas, como si el whisky del interior se agitara ansioso por salir de su contenedor.
Fuente:(bornrich.com)
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